domingo, 19 de julio de 2026

"PUEBLA DEL PRÍNCIPE: COSTUMBRES Y TRADICIONES AÑOS 50- LAS HUERTAS DE MAIRENA" EL RINCÓN DE EUGENIO. UN MARAVILLOSO LEGADO

 






"El acuífero de Mairena es uno de los más importantes de estos alrededores, por la cantidad de agua que mana. Nace al lado de abajo de las ruinas de la ermita, el manantial principal forma el arroyo de Mairena y a unos veinte metros mana otro manantial más pequeño que corre por una zanja hasta el camino del Molino donde se une al arroyo de Mairena. A la derecha e izquierda de dicho arroyo hay una estrecha vega de pequeñas huertas, éstas pasan de padres a hijos en herencia y cada vez hay más divisiones. Hasta el camino del Molino se riega por "veintenas" que discurren paralelas al arroyo recorriendo esta distancia por mitad del camino.

A partir de este punto se riega a pie de arroyo y, pasando las huertas de los Ballesteros, el arroyo, en poca distancia, tiene un desnivel considerable hasta el camino de la Venta para después cruzar el "Prao Lineal"

En los años de abundantes lluvias se riega hasta los Rubiales, donde se encuentra con el Camino Real que aún permanece empedrado en un buen trozo.

Las huertas de Mairena son en estos años la despensa de la Puebla, junto al nacimiento hay varias huertas regadas con noria, la más conocida es la huerta de Romero que vende sus hortalizas a muchas familias.

En la vega de Mairena regada por el manantial tienen un trozo de terreno muchos vecinos de la Puebla, que durante el verano surten de muchas hortalizas a todo el pueblo (habas, lechugas, pepinos, tomates, habetones, pimientos, berenjenas, cebollas y ajos tiernos, sandías, etc.) y hacen acopio de provisiones para el largo invierno (ajos, cebollas, habichuelas, patatas, calabazas, tomates que se conservan en botellas de cristal y otros se secan al sol, pimientos, ñoras, picantes, panochas de maíz rosetero que se secan en la cocina cerca de la chimenea, melones que cuelgan en los palos de la cámara, etc.)

El cuidado de las huertas lo hacen sin dejar desatendidas sus labores agrícolas, siega y demás trabajos necesarios para la recolección de la cosecha de cereales.

En el nacimiento hay muchos y grandes olmos, que impiden que los rayos solares del caluroso verano penetren, manteniendo el suelo fresco. Hasta allí llegan segadores de los alrededores a sestear y dar agua a las mulas y burros, más abajo en el arroyo y en las "veintenas" hay frutales y chopos, en el arroyo a su paso por el camino del Molino hay una mimbrera grande y en el "Prao Lineal" encontramos de nuevo olmos"

EL RINCÓN DE EUGENIO.




No sé si ustedes creerán en la casualidad, pero dos días antes andaba preguntándome por el alcance de lo que significó el paraje de Mairena y buscando datos sobre la Pizorra que lleva su nombre, en google, encontré este maravilloso artículo. 

Desconozco quién es su autor y siento mucho que su blog no tuviera continuidad en el tiempo. Siempre me pregunto el motivo del porqué los mejores dejan de escribir.

Cuántas veces habré oído historias sobre las huertas de Mairena, y cuántas habré paseado por lo que aún permanece: una noria, muros de contención y separación, canales...(centrándome en la vega). Ese trabajo de campo que me lleva a disfrutar de lo que veo y a hacerme preguntas. Se trata de observar la tierra para entenderla. 

Sea o no el paraje de la ermita la antigua ciudad romana de Mariana o Marimana, lo cierto es que aquí hubo poblamiento y la extensión de restos de cerámica no es nada desdeñable, con lo que se entiende el desarrollo de huertas gracias a los manantiales existentes.

A muchos de ustedes les habrá despertado, este entrañable texto de Eugenio, la nostalgia que surge cada vez que se lee algo relacionado con lo que has escuchado de tus abuelos. Relatos que pasan de padres a hijos. Historias que se han de preservar a buen recaudo, porque son un tesoro, porque estrechan los lazos con las familias. 

Ahora que es tiempo de huertos y verduras, debemos recordar que antes, estos trabajos, eran parte fundamental del sustento de las familias. Hoy en día muchos huertos están abandonados, de hecho en esa enorme extensión de terreno que delimita el Camino del Crespillo con el de Peñas Blancas, por poner un ejemplo, no hay nada cultivado. 

Por eso me alegra saber que hay huertos que aún son cuidados con esmero, huertos donde los nietos pueden aprender que el móvil no te ayuda en nada, pero sí el que aprendas a manejar la azada junto a tu abuelo, ahí es donde ganan los dos.





Dedicado a Jesús Rubio Muñoz, (cuyas habilidades con el ordenador son comparables a su amabilidad), porque ayer nos devolvió el manejo de este blog al que habíamos perdido la pista. 

Mil gracias.


2 comentarios:

  1. La naturaleza es sabia, esperemos que regule todo y venza sobre la destrucción humana

    ResponderEliminar