sábado, 28 de febrero de 2026

ENTRE BORRASCAS ( ENERO Y FEBRERO DEL 2026)

 


"La naturaleza es inagotablemente sostenible si cuidamos de ella. Es nuestra responsabilidad universal pasar una tierra sana a las futuras generaciones"

Sylvia Dolson.





Esta entrada surge de la necesidad de mostrarles a quienes no pudieron salir al campo aquellos días o a quienes viven en la distancia y llevan a su pueblo en el corazón, cómo los sucesivos temporales fueron transformando la fisonomía de nuestros campos. El agua cayó unas veces de forma cadenciosa y en otras, se precipitó sin inclemencia, derrotando la capa de tierra reseca que derivaba de nuestro clima habitual. 

Como si se tratase de un diario les dejo con la cronología de estos días pasados de sucesivas borrascas, en los que pudimos apreciar cómo la tierra llegó a vomitar, literalmente, agua, ya no podía más. A su vez, es un enriquecedor paseo por los topónimos del pueblo. Inclinación que siempre llevo conmigo, el tratar de memorizar sus nombres y significado, al fin y al cabo ellos son la más valiosa conexión con el pasado. 

Lo que aquí les narro es un viaje por dos días distintos, 13 y 14 de febrero, tratando de hacer una ruta con protagonismo del agua caída.

Comenzamos en el camino a Mairena, tras pasar el Pilarrillo, mirando hacia uno de los caminos que iban a Andalucía, en lo que llamamos el paraje Beneficios (iré devolviendo a cada trozo de tierra su topónimo, recuerden), a la derecha siempre se forma una laguna. El campo verdea con una intensidad semejante al del norte peninsular y ahora, comparativamente, ya poseemos el sonido impetuoso de los arroyos creciendo.

Se me olvidaba deciros que nuestra fuente-abrevadero la conocemos así porque el paraje tras ella lleva el nombre de Pilarillo. 




Te conocen con el nombre de arroyo del Pilarillo. A mi izquierda, al fondo, "Las Laeras".




Aunque en realidad tu nombre es arroyo de las Higueras.




Seguimos ascendiendo y nos topamos con otro arroyo, esta vez sin nombre, también va bien cargado. 

Aunque creo que te llamaré el de la Alberca o, ¿por qué no, arroyo de las Lilas? Justo aquí las veo florecer cada año.

Transitamos entre dos parajes, a nuestra derecha el de Pizorra Peláez y a nuestra izquierda, Pizorra Mairena.





He aprovechado que el cielo ha tornado a nubes y claros para emprender este interesante recorrido, así parece que se contrarresta mejor el ímpetu del aire, algo que no puedo transfigurar en las fotografías, pero que fue especialmente notorio estos días pasados.




Mirando hacia atrás.





Y ahora con más intensidad. Los árboles desnudos permiten una buena panorámica.

Árboles que a fecha de 14 de febrero, no habían sucumbido a los embates del aire. 

Sois fresnos, arces granadinos, fresnos, álamos temblones, acacias, almeces...





Los cielos de Puebla aparecen moteados por el placentero vuelo de milanos reales y negros. Es maravilloso verlos. Creo que me despisté siguiendo su danza y por eso no fotografié la ermita.




Así que tu imagen, imperturbable, es del día anterior.

Recordemos que ya te citan, Mairena, en la visita de la Orden de Santiago del 1498.

Imaginad de qué siglo puede ser su origen. 




La fuentecita ha vuelto a manar.





El agua va escurriendo, escapándose por multitud de improvisados arroyuelos.




He pasado la línea de cortijos y antes de dirigirme hacia la Cruz de Jorge me desvío a la derecha para ver cómo baja el arroyo de las Huertas.





Este arroyo toma su nombre de las numerosas huertas que hubo en este paraje de Mairena. Lo que han visto, la ermita, no fue un enclave solitario, a su alrededor, entre casa de santero y dependencias, hubo viviendas y las gentes cultivaron los campos. Con el transcurso de los siglos, las ruinas quedaron en nada pero las huertas siguieron dando sus frutos a los poblatos que se desplazaban hasta aquí.

En cualquier momento, aquí no hay límites, el paraje de Mairena dejará paso al del Haza de la Venta.




Sigo adelante. A este arroyo que a veces en junio mantiene un poco de agua como si fuese un boceto, le llamaré como a su paraje. Serás el arroyo de Luis Sánchez.
 



A mi izquierda te derramas buscando a tu compañero, el arroyo de la Dehesa. Tu también te diriges, ahora impetuoso, hacia el Camino de Aníbal.




En el primer cruce de caminos, justo aquí, siempre se detiene mi perro esperando le indique hacia dónde iremos. Ahora, Luis Sanchez a nuestra izquierda, pasaría a ser pago del Chaparral.

Recuerden que este viaje entre borrascas a su vez también lo es por los topónimos de la Puebla. 

Seguimos al frente, como si fuésemos a Carboneros.





El siguiente cruce de caminos, tan cerquita del anterior, nos ofrece una nueva opción, a la derecha tomaríamos uno de los antiguos caminos hacia mi Andalucía. Parece que yo también vaya cargada de mercancías, como los arrieros, solo que ofrezco palabras.




Tal y como se medía antes la tierra, contabilizo los diferentes nombres de las parcelas: fanegas, celemines,...Ah, y sí, hemos tornado a otro nuevo paraje, estamos en el Mechón de Polo.





No les he dicho, me lo he callado, que voy en busca del nacimiento del arroyo de la Dehesa, el único de la cuenca hidrográfica que se ve capaz de llevar agua hasta en los crueles estíos.

Tal y como le ocurre al Guadalén o al Dañador, este arroyo es tributario de unos manantiales en verano. Los numerosos de la Haza de la Venta son su sustento.
 



Hoy resulta imposible ver su nacedero pero es allí delante, donde unos juncos perviven al paso del tiempo.





A mi izquierda se derrama con ímpetu, saltando como un aprendiz de río al que trata de emular.




Un apunte, antes de darme la vuelta, a vuestra derecha, ese enorme árbol desnudo que compite con las imponentes encinas, es un roble, el más grande del término, sin duda, un árbol singular. 





Seguimos caminando. Mi perro es el mayor explorador que conozco. Como si fuera calzado con las pezuñas-memoria de los perros de antaño que acompañaban a sus amos, la mayoría arrieros, trashumantes, que transitaban por estos antiguos caminos.




Lástima que no pueda cruzar este enorme charco. A mi derecha, en algún límite imaginario, veríamos el Cerrillo Vasco. Qué curioso nombre, con lo lejos que estamos, geográficamente hablando.

¿A que no sabéis mi nombre?
Camino del Crespillo o de Luis Sánchez.






Recordar, no quiero que os confundáis, que navego por dos días distintos aunque seguidos en la línea del tiempo. Digo "navego" porque a menudo tenía la sensación de ir flotando por el terreno, caminaba directamente por una fina línea de agua que mancillaba la tierra.

Vamos a situarnos, estamos junto  al cortijo de Lola y Daniel, nos iremos a la izquierda esta vez, hacia la Cruz de Jorge.




Otro arroyo sin nombre que pronto irá a diluirse con el de las Huertas.

Como naces cerca de la Pizorra Peláez, me permitiré llamarte arroyo de Peláez.

Al fondo debería ver las sierras de Albacete, pero hoy siguen cubiertas por nubes.





Sigues siendo el Camino del Crespillo.

Te encontrarás más adelante con el Camino Real y luego perderás tu identidad brevemente porque la Vereda de los Serranos absorberá tu firme y sin embargo volverás con fuerza hasta morir en el Collado de la Teja.

¿Ven qué valiosa información nos regalan los mapas?. Ellos nos fijan a sus entidades, el pasado se escribe con estos topónimos. Cuando conversas con un vecino siempre salen a relucir estos nombres en referencia a parcelas, a cortijos...donde queda ligada la memoria.





La tierra roja, siempre vistosa, que combina con todos los cielos, con todas las estaciones, preciosa.

Al fondo veis el vértice geodésico de Terrinches, el Cerro Conejero.




Para quienes no conozcan la cruz de Jorge he tenido que sacar esta imagen de mi propio archivo, porque olvidé hacer una fotografía al pasar delante de ella. Sirva para que recordéis que estos campos huelen a gloria cuando la retama despliega sus flores.





A mi izquierda el camino que nos lleva a la venta del Ojuelo. Se despeja, a intervalos, el cielo y  veo la nieve en la Sarga-Padrón y en el Cambrón, montañas bellísimas que he subido en más de una ocasión.

Qué curioso es el mundo, desde aquí os veo y allí en vuestra cima, admiro las tierras cambiantes de este Campo de Montiel.




Me remonto a las encinas que, a mi derecha, parecen faro y señal. Comienzo del paraje del Moral, para ver el pueblo, una de las panorámicas más hermosas de su entramado. Y a su derecha, esa cadena montañosa con nombres tan singulares como: Las Cabezas, Los Pollos, la Sonera, Cabeza del Mijo, Dos Hermanas...

A todas os conozco desde vuestra altura. Os aconsejo que admiréis el término desde sus cimas, no entraña dificultad ninguna ascensión. 





Nos hemos desviado ahora a la derecha, vamos hacia la venta del Ojuelo.

Encuentro tu nombre: Camino de la Sierra o de Peñas Blancas.

A mi izquierda, el Moral. Probablemente el más interesante yacimiento arqueológico del pueblo. Sus terrazas, sus vistas, nos hablan del control del territorio. 




Seguimos descendiendo.




A nuestra derecha irán a morir las huertas de Mairena, cortadas por el camino. A mi izquierda, ya te llamas paraje del Jaguarzal.





Al arroyo de las Huertas no le gusta que le interrumpan.




Ahora nos acercamos al de Mairena.






Se derrama por el camino, se fusiona con él.






Mientras emula ser río no morirá.

"La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos"

Antonio Machado.




Lo traspaso.




Ya veo la histórica venta, la única que queda del pasado romano de las vías que cruzan el término de Puebla. Ella y Venta Nueva, en Villamanrique, son los últimos vestigios de la historia.

Aunque Venta Nueva sí que permanece inalterable en el tiempo, para su mayor gloria, un acierto el haberla conservado.




Os recuerdo que estamos ante el único arroyo con agua hasta en verano, cuando se nutre de los manantiales y norias del Haza de la Venta.

Eres el arroyo de la Dehesa o de la Venta. Y no me vas a dejar pasar.




Sus aguas se van entreverando a la sombra de los álamos temblones que, ahora, en apariencia secos, sirven de percha a los milanos que con tan grácil soltura esquivan los vientos que azotan estas tierras.





Ya de vuelta al pueblo, cuando habré comprobado que he superado los 12 km., el Pilarillo, fuente y abrevadero, me recibe.




No sé el porqué siempre lleva el mismo caudal cuando sería normal que lo hubiese incrementado, pero quizás deba ser así, como la vida misma, constancia, paciencia, saber permanecer sosegado ante las inclemencias.





Me encontré con una señora que, al igual que yo, mantenía una lucha con el viento. "¿Has visto que ha manado La Minilla?"

Sí, le respondo, la tierra ya está repleta de agua y su agradecimiento lo demuestra así, resurgiendo.





ANEXO:

¿Pero cómo empezó todo?

Como terapia, el ejercicio del caminar es la mejor y esa es mi medicina, da igual que transcurra entre borrascas, tormentas o el temible calor. A rajatabla, me tomo este medicamento tan natural.

La noche del 23 de enero comenzó a nevar.



Día 24.

Amaneció con una semblanza de nieve, como para recordar, solo un poquito.




Día 26.

Nuestro recién bautizado arroyo de Luis Sánchez bajaba desmadrado.




Y el arroyo de la Dehesa tenía un empaque singular.

Sí que hace unas primaveras lo vi salirse de madre y saltar por encima.




Día 30.

Este es el camino de la Cuesta de la Borracha, el antiguo a los Molinos del Guadalmena (Rajamantas y Macayo), me acerqué para ver las lagunillas que se forman y para acceder al Camino Real.





Imagino que sois el equivalente a los lavajos de Alhambra.




Y pude transitar por el Camino Real, porque desde la otra parte, viniendo de Luis Sánchez, me resultó imposible.





Recordar que me llamo Venta del Ojuelo.





A mi derecha tenéis las norias y manantiales, las que mantendrán el valioso caudal en verano del arroyo de la Dehesa.

A la izquierda, la puerta a la finca de Carboneros, por ella pasa la Vereda de los Serranos. Mantiene la tradición pues continuan pasando los pastores trashumantes.




Me dirijo, a mi derecha, en busca del arroyo, eres el camino de la Sierra, no lo olvido.




El día 25 de febrero aún no podía traspasarte.





Día 31.

Un tramo de este camino de la Sierra con el arroyo de las Huertas.




Día 2 de febrero.

Este camino es una delicia, es el mejor acceso para ver el Dañador que nace muy cerquita. Hasta aquí llegué. Más adelante, a la izquierda, el antiguo cortijo de Claudio y su preciosa era.




El día 4 traté de ver cómo andaba nuestro recién bautizado como arroyo de Peláez.

Los mapas de nuevo me envían un aviso, estamos en la vertiente de las Aguzaderas. ¿Y si te cambio el nombre? Arroyo de las Aguzaderas, te da más categoría. 




Cómo te derramabas aquel día, rompiste por dos sitios. Una imagen más para el recuerdo.




Día 5.

El viento y el agua, en alianza, habían derribado algunos olmos en el camino de Peñas Blancas, el que pasa por detrás del Pilarillo.




Por la tarde me acerqué al camino del Collado, ya sabéis que está en dirección a Terrinches, tras pasar el cementerio, a la izquierda.

Nos llevaría, para no olvidarlo, a Las Cabezas, a la Sonera, al Haza Jara, a Los Pollos, a la Cabeza del Mijo, a la Vereda de los Serranos, a las huertas de Cervera... Ahí es nada, para transitar caminos durante la vida que nos quede. 




Este arroyo llamado de Santa María o de Marta bajaba con brío.




Fijáos en la orilla izquierda, viene del camino de Santa Cruz.





El día 9 ya conseguí pasar hacia el Dañador.

Recordar que estamos en el camino del Crespillo o de Luis Sánchez. Nos vamos a la derecha.

Nota: Como curiosidad, en distintos mapas aparece con diversos nombres: Crispilla, Crespillo y Campillo.





Un jovencito Dañador, río que nace en término de Villamanrique, se pasea por el de la Puebla y acaba convirtiéndose en río jienense. A eso le llamo yo ser interprovincial y solidario.





El día 11 me fui al Camino Real, o Vía de Aníbal o camino de Andalucía.




Al igual que en primavera no puedo trasladaros hasta aquí el perfume del espino o de la retama, o el del olivo, ahora el ímpetu del agua lleva un mágico sonido.





El agua, con cada temporal, va devolviendo a este camino su antiquísimo origen, su reconocible firme.





El día 12 era el momento idóneo para pasear por el camino de "Santacrucico", vamos, el de Santa Cruz de los Cáñamos. Con diversas posibilidades, por ejemplo: desde aquí podéis acercaros a las Minas, ascender a Las Cabezas o una vez lleguéis al Charco del Gitano, os encontraréis los caminos viejos a Almedina, a Montiel, a Santa Cruz y el del Cura. 

A vuestra derecha podéis ir a la Haza Jara (paraje) y luego a esa fantástica cadena montañosa de Terrinches y a las huertas de Cervera. Con tiempo y ganas, al Finojo, a Terrinches, a la Vereda de los Serranos,...y a Roma.




Pero permanezcamos en el de Santa Cruz, primer obstáculo. 

El día 26 aun tenía que hacer malabares para traspasarte.




De la vertiente de las Paniegas viene este arroyo, que a fecha del 27 de febrero aún presentaba dificultades para traspasarlo. Sus aguas van en camino de incrementar el caudal del cercano arroyo Marta. 





Más adelante, a mi derecha, el arroyo Marta.

Mi fotografía favorita y el lugar más complicado para traspasar. Veréis, por este camino que pasará mucho tiempo hasta que sea transitable, iréis a la Haza Jara, llamada así porque haza es un trozo de tierra y jara es el color rojizo de esta tierra. Aún quedan algunos peruétanos de interesante porte. Las Cabezas (959 m.) es un monte fascinante. ¿Sabéis que una vez arriba y siguiendo todo su enorme lomo llegaríais al camino del Collado y a otro monte singular, Los Pollos (964 m.)

Se me olvidaba, el paraje de la derecha se llama Robreos.




Aquí tenéis el arroyo de las Zapateras, en los juncos de la derecha nace el manantial de idéntico nombre.

El día 26 tuve que idear un paso para no mojarme, bien complicado, el barro te hunde sin contemplación.




El Charco del Gitano pertenece a Almedina pero baña con su agua derramada un trocito de tierra de Montiel y Puebla. Su importancia, su tránsito, quedan reflejados en su propio camino que se desgaja del camino Viejo de Almedina a Terrinches, yendo en paralelo al del Cura.

 Una vez admiremos este lavajo, me encanta esta palabra, bajará de categoría, será senda para acabar en la Vereda de los Serranos.






Este día dio para varios paseos así que me dirigí hacia Las Cabezas. Fijaos que mientras escribo esto y voy manejando los mapas me entero que se llaman también Peñas Rubias o Cabezas de las Viñas. Como no sé tu nombre y estoy segura que lo tienes, te llamaré, mientras tanto, el camino de las Peñas Rubias. Aunque aquí te conozcan, lo acabo de recordar, por camino de las Cabezas.

Para cuando tengáis ganas de hacer ejercicio os aconsejo ascendáis por él, cuesta bastante pero una vez en su cima obtendréis las mejores vistas del pueblo. No aconsejo lo hagáis en vehículo, el agua ha ido excavando unos barrancos de vértigo. 





Sigues siendo el arroyo Marta, en otros mapas te llaman de Santa María, algo que aún no he conseguido descifrar.





Os preguntaréis dónde nace.

Realmente me resulta complicado porque a él van a parar varios arroyos. Os cuento de qué parajes surgen: 

Guerrilla, Haza Fría, Lanchares y Haza Jara.

¡Así cómo no vas a llevar tanto caudal!




Ahora me encuentro en la Vía de Aníbal o Camino Real pero en dirección a Zahora.


.


Justo cuando traspaso a la finca del Roblecillo ya siento los pies como la tierra, encharcados, no sigo.

Aquí en primavera todo es aroma a jara.

Siguiendo este camino, tan transitado en la antigüedad, llegaríamos al Dañador cuando es un esbozo de río, a la fuente de Zahora (nunca la he visto seca) y a una serie de bifurcaciones muy interesantes. Se me olvidaba, estos pagos ya son de Villamanrique y se llaman Llanos de Zahora (fuente, tierra, monte).






Día 14, luce el sol. 

Siguiendo ahora a la derecha, por el mismo Camino Real, como si fuéramos a la venta del Ojuelo, me paro a contemplar los restos de este antiquísimo camino romano que permanecen en la memoria colectiva, reconocibles en su estratigrafía. 






Un nuevo intento, fracasado, por pasar.

Encinas, robles, escaramujos, espinos, olivas...son los sempiternos y agradecidos acompañantes de este Camino Real.

Al fondo, ahora no se aprecia, veríamos, de nuevo la cadena montañosa de Montiel y Terrinches.

A mi derecha te llamas El Chaparral y a la izquierda, Cerro de la Venta.





El día 19  en un último intento de avanzar por el camino de Santa Cruz.

Las Paniegas no paran de llorar agua.




Así que vuelta atrás, y a mi izquierda, no me rindo, me vuelvo a acercar al camino de Peñas Rubias. El arroyo Marta emulando ser un pequeño río. Una imagen más para el recuerdo.

Mientras escribo esto siento la inquietud de que mucho me he dejado en el tintero y como ayer también transité por estos pagos os dejo con un último arroyo, aunque ya en término de Montiel, pero fertilizando las tierras de la Sonera y del Haza Jara. Se accede desde el Charco del Gitano, a nuestra derecha, buscando el camino del Collado. ¿ A qué no sabéis el porqué de tanto interés?




Porque es nuestro arroyo de Santa María o de Marta. Sí, muy cerquita tiene su nacedero en el paraje llamado Charco del Gitano, un arroyo montieleño que se vuelve 
poblato. 

Qué sigan estrechándose los lazos de la amistad gracias a las aguas.

Texto y fotografías de Rosa Cruz.

A 28 de febrero del 2026.



UN NUEVO ANEXO:

Pensando en quienes no conocen el término del pueblo, les dejo con los mapas, nuestros aliados y consejeros, la mejor compañía para cuando decidamos emprender un viaje, aunque nos parezca corto, por los confines de este maravilloso territorio del Campo de Montiel.

















Topónimos:

Son los nombres propios de cada lugar, "santo y seña" para reconocerlos, para indagar en el pasado, como un último y emotivo contacto con nuestros ancestros. Os dejo con algunos.

-Mechón de Polo: Es un trozo de tierra cuyo dueño llevaba el apellido Polo. 

-Paniegas: Hace referencia a estos campos donde se cultiva desde tiempos inmemoriales el cereal. Y de él ya sabemos que se obtiene el pan de cada día.

-Haza Jara: Terreno arcilloso de color rojo.

-Charco del Gitano: Charco es una acumulación de agua, en este caso permanente. Cuando veamos el topónimo "gitano", por ejemplo en los caminos, sepamos que hace referencia a rutas antiguas y sus asentamientos.

-Cabezas: Según la RAE es la cumbre o parte más elevada de un monte o sierra.

-Pizorra: Por estos campos se denominan así las elevaciones del terreno de origen rocoso.

-Jaguarzal: El jaguarzo es un tipo de jara. Así un jaguarzal sería lugar donde hay abundancia de ellas.

-Aguzaderas: La tierra al ser arcillosa se endurece mucho y pule las rejas del arado.

-Robreo: Zona de umbría que se embarra mucho.

-Cerrillo Vasco: Muy interesante porque nos delata que alguien de esa zona o vivió por aquí o algún descendiente.

-Crespillo: Puede tener dos acepciones, un terreno ondulado o alguien con ese apellido.

-Chaparral: Lugar con abundancia de chaparros.

-El Moral: De nuevo dos acepciones, o abundancia de morales, con total probabilidad que no es el caso, o parajes con asentamientos en la antigüedad. Moral viene de moradores.


Dedicado a todos los que no están por estos pagos ahora y en especial a un arriero-amigo que se nos fue y que con total probabilidad camina ya con soltura por estos campos, Manuel Muñoz Carrasco.




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